[Reseña] The Vice of Kings (de Jasun Horsley)

La investigación que ha realizado Jasun Horsley para su último libro ─“The Vice of Kings: How Socialism, Occultism, and the Sexual Revolution Engineered a Culture of Abuse” (Aeon Books, 2019)─ supone, aparte de un sólido ejercicio en el campo de la parapolitica, la culminación de un duro proceso de transformación personal que sus seguidores hemos tenido la suerte de presenciar durante cerca de una década.

El catalizador de esta doble investigación parte de su relación con su hermano, Sebastian Horsley: un dandi contemporáneo quien, tras una espiral de excesos, acaba falleciendo dramática y mediáticamente en 2010. A partir de aquí Jasun se propone trazar el conglomerado de fuerzas psicológicas y socioculturales que alentaron a su hermano a seguir este autodestructivo camino de, en sus palabras, “vicio glamurizado”. Pronto dichas fuerzas se entrecruzarán con el ámbito privado: proveniente de lo que en estos lares denominaríamos como “izquierda caviar”, Horsley crece en un entorno cuyo fetichismo y sacralización del arte y la bohemia contrastan con un afán férreo de expansión de sus influencias políticas y económicas, lo cual supone un doble vínculo importante en el inconsciente familiar.

Tras el estallido del escándalo de abusos de menores por parte del infame Jimmy Saville en 2012, y movido por una probable y tangencial conexión social de éste con su familia, Horsley comienza a desenterrar indicios que le inclinan a pensar que quizás la voluntad de disolución de tabúes y la ─aparente─ moral relajada que formaron parte de su educación podrían lindar con el abuso sexual[1], encontrándose los propios depredadores rondando en este entorno cultural.

El mapa de influencias subsecuentemente trazado por Horsley muestra el lado oscuro de la revolución sexual, al que subyace como atractor extraño principal la Sociedad Fabiana. Esta organización habría configurado gran parte de la mente colectiva del siglo XX[2] ─cito literalmente un texto fabiano[3]─ «atrayendo millonarios», haciendo uso de «conexiones» y «moviendo toda fuerza sobre la que se tenga control», cuidándose a la vez de «parecer desinteresados» y presentándose como «gente humilde de la que nadie sospecha tendrían algún tipo de poder».

Esta estrategia subrepticia y gradualista, afín ─pero no limitada[4]─ a círculos de izquierdas se expande tanto hacia la alta sociedad ─Rockefeller, el CFR y demás sospechosos habituales─, como hacia la cultura popular. Se menciona, por ejemplo, el caso de la organización Mass Observation, dedicada al estudio de la vida diaria pero también asociada al Ministerio de Información británico e instrumentalizada para moldear el comportamiento público de acuerdo a intereses políticos, como la instilación de sentimientos patrióticos en la escena de baile durante periodos bélicos.

Volviendo al lado oscuro de la revolución sexual, resulta perturbadora la presencia de depredadores en las instituciones que originan gran parte del discurso en el que se apoya la sexología contemporánea: el Instituto Kinsey, por ejemplo, tuvo en nómina a varios pederastas experimentando sobre niños, e incluso llegó a contar entre sus filas a Rex King, un violador infantil en serie. Muchos de estos discursos llegan, además, distorsionados: nos enteramos de que existe una fuerte polémica que podría invalidar el influyente mito de la desinhibición sexual en Samoa que describiera Margaret Mead en su día; tampoco la lectura selectiva de Freud y la apropiación de su trabajo sobre sexualidad infantil por parte de sectores progresistas contempla el pensamiento oscuro y hobbesiano del padre de la psicología moderna, centrándose sólo en el potencial supuestamente liberador sin importar los cadáveres en el armario que esto podría generar.

En definitiva: existe un intercambio constante entre instituciones con alto nivel de influencia ─como por ejemplo la London School of Economics─ y grupos de activistas a favor de la pedofilia ─con inesperados representantes en la intersección de ambos vectores como John Mayard Keynes.

A Horsley no se le escapa la ironía de que el resultado de su investigación le alinee con muchas de las afirmaciones del bando que aprendió a despreciar en casa, algo que refleja perfectamente la liminalidad de nuestra época y el extraño solapamiento entre ideas de grupos ideológicos tradicionalmente enfrentados a la que asistimos en la actualidad.

Visto desde esta perspectiva, los sectores que claman que existe una conspiración de las élites para socavar el modelo de familia tradicional no andan tan desencaminados: figuras de la órbita laborista como Richard Acland ─a quien Orwell consideraba un totalitario potencial─ andaban proponiendo ésto desde mediados del siglo XX[5]. Tampoco empiezan a sonar tan crueles, inhumanas o directamente mercenarias aquellas narrativas que caracterizan el alarmismo ecologista como una maniobra manufacturada por parte de las élites, pues la creación artificial de crisis se halla precisamente dentro de los métodos propuestos por estos grupos para que la sociedad evolucione[6].

El libro también inspecciona, como área adyacente relacionada, la esfera proto-contracultural, en donde encuentra conexiones que podrían llevarnos a pensar, dependiendo del grado de intencionalidad que estemos dispuestos a conferir, en: una amalgamación deliberada, una canalización más o menos efectiva o una mera coincidencia de fuerzas relacionadas con la ingenieria social en eclosión por aquel entonces; así, tenemos a Gordon Wasson colaborando en el subproyecto 58 del MK-Ultra, a Margaret Mead y Gregory Bateson trabajando para la CIA, o a Robert Graves investigando codo con codo con uno de los pioneros del control mental moderno ─William Sargent. Si retrocedemos un poco más en el tiempo nos encontramos con el vínculo de la Teosofía con la Sociedad Fabiana ─vía Annie Besant─ y la denuncia por parte de Dion Fortune de que algunos teósofos[7] estarían vampirizando con fines mágicos a hombres jóvenes, técnicas de magia sexual homoerótica mediante.

Lo cual nos lleva a la segunda parte del libro, que Horsley dedica a examinar la posible involucración de Aleister Crowley en episodios de abuso sexual a menores. Su principal argumento parte del ya mencionado Jimmy Saville, pues las actividades clandestinas de éste estuvieron en realidad más a la vista de lo que podría pensarse: el personal de la BBC escuchó durante años los rumores que corrían por los pasillos y de hecho Saville hizo alusiones explícitas a las mismos en tono irónico y jocoso ─poniendo en práctica, vista retrospectivamente, la máxima de que la mejor forma de ocultar algo implica dejarlo a la vista de todo el mundo.

Horsley pone en paralelo este hecho con la mención en los escritos de Crowley del sacrificio de niños como técnica mágica; ¿por qué, se pregunta, existe entre los exégetas y hagiógrafos de Crowley una resistencia a interpretar esta referencia literalmente? El consenso general la entiende como una alusión velada a la masturbación, pero, ¿podría Crowley haber usado la misma treta psicológica que Saville? El caso que Horsley construye alrededor de esta premisa está lejos de ir más allá de la evidencia circunstancial, pero la información paralela que lo acompaña no deja de ser inquietante. ¿Tuvo que ver la muerte prematura de Poupée, la hija Crowley y Leah Hirsig, con los rituales que andaban practicando en la abadía de Thelema en Cefalú? No podemos saberlo con certeza, claro; pero sí existe constancia por ejemplo de la iniciación sexual al ocultista Alex Sanders por parte de Crowley cuando éste tenía 10 años, o de la fuerte influencia de Crowley en programas de abuso ritual[8] o de que, a día de hoy, Mandrake Press ─otrora también vinculada a Crowley─ le adjudique el tratamiento de lunático a Nathaniel J. Harris por venir denunciando desde hace tiempo una red de abuso ritual vinculada a círculos ocultistas en el Reino Unido[9].

Para los que tiendan a caricaturizar la literatura parapolítica ─teoría de la conspiración─ usando los clichés de turno o para los que teman encontrarse con el tipo de texto que justifica la existencia de dichos clichés, cabe señalar por último que estamos ante un autor que escribe con un alto grado de consciencia de las trampas más habituales del género y que intenta tejer los nodos que sustentan sus inquisiciones con una sutileza y sofisticación poco habituales en este tipo de trabajos, dejando espacio a la ambigüedad y a la mirada oblicua. Sin duda un fruto cosechado durante su larga trayectoria en los ámbitos sobre los que escribe ─algo de agradecer y que merece la pena leerse también por el ejercicio que supone a nivel de metaescritura.

***

[1] Mientras que no afirma recordar explícitamente ningún episodio de abuso sexual, Horsley sí relata un conjunto de síntomas que le hacen sospechar que alguien podría haberle sometido al mismo. Queda patente en su trabajo, sin embargo ─ha dedicado una notable cantidad de horas de su podcast a entrevistar supervivientes de abuso─ que Horsley se toma el tema muy en serio.

[2] «Aunque lejos de ser la única organización potente que trabajaba tras bastidores para reformar radicalmente la vida nacional e internacional, no sería demasiado exagerado llamar al siglo XX el siglo fabiano. Una cosa es cierta: la dirección de la escolarización moderna para el 90 por ciento inferior de nuestra sociedad ha seguido un diseño en gran parte fabiano; y la misteriosa seguridad y prestigio disfrutado en este momento por los que hablan de “globalismo” y “multiculturalismo” son resultado directo de la atención prestada previamente a las profecías fabianas de que un Estado del Bienestar, seguido por un intenso énfasis en el internacionalismo, sería el mecanismo que elevaría a la sociedad corporativa por encima de la sociedad política, y un necesario precursor de la utopía. La teoría fabiana es el Das Kapital del capitalismo financiero». ─John Taylor Gatto en “Historia secreta del sistema educativo”.

[3] “Our Partnership” de Beatrice Webb.

[4] Albany Trust, organización surgida de los contextos examinados en la obra y dedicada a la defensa de políticas LGBT habría financiado también grupos conservadores como el CGHE (Conservative Group for Homosexual Equality).

[5] “What it will be like in the New Britain” de Richard Acland.

[6] «(…) [La tensión juega un papel importante] en la teoría evolutiva fabiana. Igual que Hegel enseñó que la historia se mueve más rápidamente hacia su conclusión mediante la guerra, del mismo modo los socialistas evolucionarios aprendieron de Hegel a ver la lucha como el catalizador de la mejora evolutiva de la especie, un necesario purificador que eliminaba al débil de la lotería de la reproducción. La sociedad evoluciona lentamente hacia la «eficiencia social» por sí sola. La sociedad bajo tensión, sin embargo, ¡evoluciona mucho más deprisa! Así, la creación deliberada de crisis es una herramienta importante de los socialistas evolucionarios. ¿Le ayuda eso a entender el drama de la escolarización gubernamental un poco mejor, o los bien publicitados escenarios de día del juicio final de los ecologistas?» ─John Taylor Gatto en “Historia secreta del sistema educativo”.

[7] Breeding Devils in Chaos: Homosexuality & the Occult” (enlace)

[8] Entrevista a Kathleen Sullivan en el blog Rigurous Intuition (enlace)

[9] “BEAST WING 666 – Ritual Abuse in the UK” de Nathaniel J. Harris (enlace)

Un pensamiento en “[Reseña] The Vice of Kings (de Jasun Horsley)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s