[Reseña] El Menstruador (de Lázara Blázquez Noeno)

mensturador_portadaVengo escuchando últimamente crecientes murmullos y rumores acerca de la existencia de una dictadura feminista de facto en el Estado Español. Ante la mera posibilidad del hecho, gran parte de la población se lleva las manos a la cabeza y rompe a carcajadas en el mejor de los casos; en el peor, no tardan demasiado en manifestar la habitual performance de tics inquisitoriales típica de este país[1].

¿Por qué esta resistencia? Mi mente ha orquestado la siguiente hipótesis: por una parte tendríamos los mitos cuckold fundacionales del Nuevo Testamento[2] y el monopolio arquetípico ─blanco, puro e inmaculado─ de la Virgen María y su Amor de Madre supraterrenal grabados a fuego en el sustrato tradicional del imaginario del país; por otro lado, el retorno del reprimido arquetipo de la Puta que supone la influencia de la cultura popular proveniente del Malvado Matriarcado Andrófobo Tecnofeminista de los EEUU ─definido así por observadores de la contracultura de ese mismo país[3]─ vendría mediado por el doblemente constreñido[4] marco psicológico del puritanismo; esta combinación provocaría que ambos arquetipos conviviesen en la mente colectiva española en un estado de completa disociación, á la Jekyll y Mr.Hyde.

A medio camino entre la corrosiva causticidad de Houellebecq y la sagacidad de Orwell a la hora de arrojar luz sobre los mecanismos de control social, la novela de Lázara Blazquez Noeno “El menstruador” constituye una excelente retrato de este Mr.Hyde feminista patrio ─o “matrio”, si usamos el lenguaje inclusivo─, completamente imbricado en los mecanismos del Estado y cuya financiación proviene presumiblemente de entidades y actores supraestatales.

La autora articula la narración en torno a un monólogo interior de más de 700 páginas en el que el personaje principal relata ─de forma plausible[5]─ sus desventuras mientras rebota en la maquinaria institucional del género. A esta narrativa vivencial en primera persona la autora va intercalando toda suerte de datos históricos, estadísticos y periodísticos que ofrecen una imagen global de la implantación de las políticas de género en el Estado Español durante el último par de décadas.

Frente a otros libros que tratan temáticas similares desde ópticas más asépticas ─como por ejemplo la de la psicología evolucionista─, el libro de Blázquez Noeno tiene una cualidad visceral que dota de cercanía al relato ─aunque, bajo mi punto de vista, la cadencia del libro acusa altibajos. Quizás un estilo un poco más sintetizado y una estructuración diferente de la obra ─pienso que hay porciones que podrían haberse reunido en apéndices autocontenidos para leer por separado─ hubieran repercutido en hacer la narración más directa todavía. Con todo, he de decir que devoré y finalicé el libro mucho más rápido de lo que pensaba.

Por supuesto, hay cosas con las que no puedo estar de acuerdo con la autora, como por ejemplo con su embiste contra la irracionalidad de las prácticas y conocimientos importados de culturas antiguas. Personalmente he pasado demasiado tiempo en esos jardines como para pensar que no hay nada aprovechable ahí ─aunque le concederé que muchas de estas subculturas las recibimos fuertemente distorsionadas y que, de hecho, el «misticismo menopáusico»[6] de la New Age conformaría el núcleo grueso del nuevo corpus religioso ginecocéntrico.

Fiel a este espíritu, finalizaré pues esta reseña con un punto magufo: tuve que anotar, en mi registro personal de sincronías analógicas[7], una coincidencia acaecida mientras leía “El Menstruador”; justo cuando aparece la única y fugaz mención al acento canario de un figurante de la novela se sentaron a mi lado, en el autobús, cuatro canarios bastante parlanchines.

Nada tampoco demasiado significativo, ni abracadante ni que realmente me importe demasiado: desde que iniciara mi personal integración de (mi percepción de) la Virgen y la Puta he acabado, como acaba el protagonista, con un ánimo abúlico, descreído y en decepción contínua, preso de un desengaño paradójico que gravita entre la entereza y la cutrez omnipresente.

Y sospecho que no sólo me está pasando a mí.

***

[1] Esther Vilar, autora del polémico “El varón domado”, dijo haber recibido amenazas de muerte debidas a este libro por parte de la Sororidad Internacional.

[2] San José, claro, carga con la crianza del retoño de María, concebida fuera del matrimonio por obra y gracia del “espíritu santo”.

[3] He construido el término “Malvado Matriarcado Andrófobo Tecnofeminista de los EEUU” haciendo un collage de descripciones de la sociedad estadounidense tanto de William Burroughs ─«a malignant matriarchal society»─, Robert Anton Wilson─«an ideology which i call androphobia [or] fear and hatred of the male»─ y Robert Crumb ─cuyas referencias al “tecnofeminismo” pueden encontrarse en el volúmen de entrevistas “R. Crumb. Entrevistas y cómics” publicado por Gallo Nero.

[4] En “Una cuestión de valores”, Morris Berman describe a los estadounidenses como una sociedad básicamente escindida de su cuerpo. Por su parte, Gyrus argumenta en “North, the Rise and Fall of the Polar Cosmos” que «la insistencia puritana en la disciplina interna es impensable en un contexto de ausencia de maestros» y que «[el] objetivo [de estos puritanos] era encontrar un nuevo maestro en sí mismos, un rígido autocontrol modelando una nueva personalidad».

[5] Me consta que la autora ha estado en estrecho contacto con grupos de afectados. De hecho, la noticia sobre la publicación de libro me llegó gracias a esta reseña cuyo autor, me consta también, pasó por un calvario similar al del protagonista de Blázquez Noeno.

[6] La expresión es de Terence McKenna.

[7] Tiendo a desestimar las sincronicidades digitales porque Internet consiste, básicamente, en una serie de máquinas conectadas para sincronizar los flujos de información. Tendría poco sentido darles algún significado cuando tienen lugar en un entorno precisamente diseñado para experimentarlas.

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